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La contaminación acústica, más conocida como la contaminación invisible ha llegado a la boca de los científicos, tomándolo como objeto de análisis y realizando investigaciones para tratar este problema ambiental que, a través de la actividad humana, está afectando con el comportamiento de nuestros cetáceos.

Llevamos años hablando sobre cómo las actividades humanas han interferido en nuestro ecosistema provocando una crisis climática que hoy en día se clasifica como uno de los grandes peligros para el planeta. Y si bien, actualmente se le ha tomado el peso a esta problemática, hay muchos temas que han continuado silenciosamente amenazando nuestro medio ambiente, y que ha intervenido con el desarrollo de nuestra vida marina: la contaminación acústica.

Hace aproximadamente cuatro décadas se comenzó a hablar sobre el posible impacto que generaban las navegaciones en las especies marítimas. Y durante el pasar de los años, nos fuimos dando cuenta de que era inevitable aceptar que gracias a la actividad humana, se estaba poniendo en peligro las especies de nuestros océanos. Hoy en día, la contaminación acústica se encuentra presente en casi todo el mundo, al ser una alteración al equilibrio ambiental causadas por ruidos y vibraciones sonoras en el mar. De hecho, antes era muy común que esta contaminación se diera en zonas urbanas que estaban cerca de calles o avenidas con mucho tránsito, pero actualmente ningún ecosistema se salva, ya que este fenómeno está muy presente en los océanos del planeta.

La contaminación acústica es conocida como el contaminante invisible, ya que, el ser humano al no verlo ni escucharlo, no le toma el peso a lo que realmente esto significa para nuestras especies. Pero si bien, las personas no han tomado conciencia sobre esta problemática, los científicos sí lo han hecho. Es más, ha sido objeto de análisis por muchos científicos, quienes han unido sus esfuerzos y conocimientos para poder llevar a cabo investigaciones que traten este problema ambiental.

Un ejemplo es el ingeniero acústico de la Universidad Austral (UACh) y con un doctorado en la Universidad Técnica de Berlín, Alfio Yori, quien explica que “hoy todo está dirigido a medir la transmisión aérea del ruido y hay un montón de normas para proteger al ser humano y ponemos límites máximos de emisión en distintas situaciones”. Además afirma que bajo el agua, hay muy poca información, porque existe la percepción errada de que si el ruido no molesta al hombre, no es un problema. A raíz de esto, el investigador se especializó en este nicho, y desarrolló un sistema de medición para poder hacer registros bajo el agua y así poder cuantificar la intensidad o potencia acústica del sonido en esas condiciones, afirmando que “de esa forma podemos conocer si el ruido va a tener impacto o no sobre algún ser viviente”. 

 

Pero, ¿por qué culpar a la contaminación acústica?

Desde que nacen, las especies marinas crecen en las profundidades del mar, una parte del entorno marino que es oscuro. Esto ha provocado que el sentido que más evoluciona es la audición, la que se ha vuelto indispensable para su desarrollo y supervivencia. Es más, los cetáceos se caracterizan por ser especies muy sociales, ya que se comunican a través de los sonidos debido a la gran rapidez con que estos se propagan a través del agua, alcanzando velocidades de hasta 4.5 veces más rápidas, convirtiéndose en la mejor alternativa para generar encuentros o notificar amenazas. El problema, hoy en día, está en que el ser humano desarrolla múltiples actividades que se llevan a cabo en los océanos, lo que hace que se interfieran las comunicaciones de estas especies. Esto lleva a la gran teoría de que algunos podrían estar vinculados a el varamiento de numerables ballenas en las playas, el abandono de especies de su hábitat o incluso su muerte.

Yori asegura que “ellos sabe así su posición, a qué distancia están de la costa o de un barco, dónde están sus crías y a que profundidad. Si nosotros contaminamos ese ambiente con ruido, lo que estamos haciendo de cierta forma es dejarlos medios ciegos”. ¡Y no solo su orientación puede ser afectada! Se ha podido comprobar a través de autopsias, que algunos de estos animales tienen burbujas de gas dentro de sus órganos, lo que significaría que esta actividad también puede afectarlos fisiológicamente. Además, su apareamiento, alimentación, su conducta o el desarrollo de sus crías también podrían salir afectadas.

Dentro de los principales efectos de la contaminación acústica en la fauna marina, según el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España son:

– El deterioro de los tejidos corporales por un aumento de presión acústica

– La pérdida de capacidad auditiva

– Embolias derivadas de la presencia de burbujas de nitrógeno causadas por el sonido

– Enmascaramiento de sonidos biológicos enfocados en la comunicación, orientación y reproducción

– Cambio de conductas biológicas, como el apareamiento, la migración y crianza

– Estrés y conductas agresivas.

Ahora bien, según el investigador, el impacto depende de la frecuencia e intensidad del ruido. De acuerdo al Centro de Conservación Cetácea (CCC), un sonido de alta intensidad y baja frecuencia puede provocar sordera a una ballena, irrumpir su canto, afectar su apareamiento y el peor de los casos, dañar sus tejidos pulmonares. Si son ruidos de baja frecuencia, los más afectados son las ballenas grandes o misticetos. Por otro lado, si se encuentra una alta frecuencia, los odontocetos, como los delfines o las orcas, serían nuestras especies más afectadas. “Mientras los misticetos escuchan hasta los 25 mil Hertz, ellos escuchan hasta 160 mil Hertz. Es lo mismo que ocurre entre humanos y perros”. Por ejemplo, si el motor de un barco se encuentra a los 200 Hertz, las ballenas grandes escucharan, mientras que para los otros animales, ese sonido les resulta más débil. 

Pueden existir diferentes ruidos que estarían afectando nuestra vida marina. Por ejemplo, existe un sonido específico de embarcaciones, llamado cavitación. Este corresponde al resultado de unas microburbujas que forman las hélices del barco al girar, y que cuando el barco se aleja, las burbujas se comprimen, emitiendo un sonido que puede ir de frecuencias medias a altas, por lo que afecta a la mayoría de las especies. Por otro lado tenemos a los submarinos, los cuales emiten el sonar, un instrumento que se propaga por el agua y que tiene de alta a baja frecuencia, por lo que podría afectar a distintas especies. Pero uno de los peores sonidos que podrían estar afectando el ecosistema marino es el hincado de pilotes, un ruido que se produce cuando se construyen puentes u obras como muelles o generadores eólicos marinos. Según Yori, “ese es uno de los peores ruidos que se pueden escuchar debajo del agua”, ya que el martilleo genera un ruido de mucha energía que presenta múltiples frecuencias.

Pero el tráfico marino no es el único causante de la contaminación acústica. La prospección de gas también es un factor que influye gravemente en nuestros océanos. Estas bombas de sonido son utilizadas para detectar yacimientos de gas o petróleo, provocando explosiones cuando atraviesan o rebotan los subsuelos, las que son estudiadas por los sismógrafos para determinar la estructura del terreno.

En la actualidad, el ingeniero Alfio Yori, afirma que la contaminación acústica cada vez está en mayor aumento, especialmente por el tráfico marítimo y por los proyectos de construcción en costas. Es más, a nivel mundial, el 90% de la transferencia de mercancía se hace a través del mar. Y es una situación que cada año aumenta por la alta demanda del mercado.

Y Chile no se queda atrás. La alta riqueza en especies ha hecho que nuestra costa sea altamente reconocida por otros países del mundo. Se han encontrado 50 mamíferos marinos, 300 especies de peces, 168 aves marinas y 6 reptiles, también marinos. Pero a medida que los ruidos en nuestros océano interfieran en su hábitat, su vida y su desarrollo se verán afectados.

Por ejemplo, en el estuario del Río Valdivia, donde Yori hizo sus primeras calibraciones, los niveles de frecuencia son bastante altos. ¿La razón de esto?, las embarcaciones. Hay desde 50 hasta 400 caballos de fuerza, en donde la potencia y velocidad afectan increíblemente. Es por eso, que se han dado propuestas para establecer máximos de velocidad en zonas con presencia de mamíferos marinos para atenuar el ruido.

Además, Chile cuenta con 39 áreas marinas protegidas que corresponden a un 42% de las zonas económicas exclusivas de la costa del país. Así mismo, del total de esas, el 58% se reconoce como parque marino, es decir, no se permiten actividades como la pesca u otras que sean consideradas como una amenaza para los ecosistemas, ya que son zonas resguardadas para la conservación. El problema es que, en nuestro país, los proyectos portuarios y el tránsito marino no tienen fecha de término. A lo largo de la costa chilena se distribuyen 39 puertos desde Arica a Punta Arenas, en donde el 95% de las exportaciones se hacen por esta vía. Y aún peor, se espera que dentro de los próximos años, el traslado de mercancía por este medio crezca de un 5% a un 7%.

 

Fuente: El mercurioEcoosfera

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